En
Olite, Navarra hacia el 20 de octubre:
Llegue
sobre las diez de la mañana, un sol tímido reflejaba sobre las gotas de humedad
que preceden
a la noche... Cruzando campos de cultivo, de maiz y viñedo principalmente, las
piedras del camino
quedaban dando volteretas tras de mi; al llegar a un alto se podían divisar las
lineas paralelas,
formadas por vides arañando la vaguada donde pacientemente esta la bodega de
Pagos de Araiz.
Un lugar desde donde se tiene el continuo control de las viñas, como un
satélite recibiendo información,
como un faro dando esperanza; nuestras protagonistas eran las uvas, de las
variedades de
tempranillo, cabernet sauvignon, graciano, merlot y syrah.
Descargue
todo lo necesario para la actividad que habían solicitado el grupo de diez
personas que desde
Bilbao se disponían trasladarse para disfrutar con nosotros una jornada llena
de sorpresas para ellos;
montamos una gran mesa central vestida con manteles blancos y hojas rojizas,
amarillentas, verdosas
y raspones de racimos vendimiados días atrás. Mi trabajo consistiria en
impartir un curso de
cocina en el que la temática seria el otoño y el epicentro, tres vinos
maridados con los productos espontáneos en la temporada y elaborados al momento.
Después de su llegada pudieron descubrir los entresijos de la bodega; pudieron adorar las obras de arte que decoran pasillos y estancias dentro de la construcción, pudieron empaparse de los aromas y sonidos del vino fermentado, trasegado, reposando en el interior de esas barricas formadas por duelas de diferentes maderas. Cuando llegaron a la parte superior me encontraron con el vino abierto y las copas esperándoles... Yo ya había mojado los labios con el caldo tinto; en un primer paso que hicimos con Pagos de Aráiz roble 2011 vino con 50% de tempranillo, 40% de cabernet souvignon y 10% de graciano; su elaboración ya la explicaré otro día, cada variedad se transforma por separado y pueden estar unos cinco meses en barrica bordelesa, antes de su coupage; Sus notas de cata fueron las que me decidieron para elaborar una tapa compuesta por carne de ave, pimientos asados a leña y regaliz de palo; una tapa de queso de cabra con grosellas, arándanos y reducción de aceto balsámico; y otra de queso de cabra con agridulce de naranja.
Pasamos
a derramar en las transparentes copas el vino Pagos de Aráiz crianza 2010, con
el 50% de merlot,
25% de tempranillo y 25% de cabernet souvuignon para acompañarlo de una
ensalada de espinacas
frescas con queso idiazabal, hongos beltxas marinados en pimienta negra recién molida, ajos
tostados, tomillo fresco, romero en rama y aceite de oliva virgen; reinó el
silencio mientras los sabores
reventaban en la boca.
Nos dispusimos a cocinar un risotto de hongos boletus y angulas de monte con parmesano y tuber aestivium. Este plato empastó todo lo que veníamos buscando, los sabores
de la fruta negra, confituras rojas, aromas tostados con los recuerdos de la
madera...
Como cuando
caminas por los húmedos bosques buscando esas joyas del otoño que se esconden
ante las miradas
ambiciosas y se muestran a los humildes ojos que desean placer. Hubo una
pequeña pausa para
tomar aire fresco, sentir la brisa saludable e inhalar un poco de humo maligno,
(siempre ying y yang),
antes de pasar al plato principal:
solomillo de vaca con soja y cereales
tostados; necesitábamos mucha fuerza en los sabores del plato para que potenciaran las notas
balsámicas, el pan
tostado, los cacaos y las frutas maduras de Blaneo un caldo monovarietal de
syrah.... Este es el vino
con el que podemos disfrutar de una tertulia donde no se echa de menos el café,
o la copa de licor....
Este vino estaba esperando a un coulant que se elaboró exclusivamente para la ocasión... Chocolate
por tres; chocolate, chocolate, chocolate.... Un final a una experiencia que no
se volverá a repetir,
porque en Pagos de Araiz cada momento es exclusivo.
Terminé
recogiendo todos los útiles de cocina que nos acompañaron... me acerque al
olivo viejo para
darle las buenas noches y despedirme ya que para mi empezaba una nueva etapa,
cerré el atardecer
y arranqué la máquina que me llevó hasta una ciudad que siempre estará esperándome, siempre me reconocerá, siempre me acogerá, siempre tierra, siempre nostalgia, siempre adiós.












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