ME LO LLEVO PUESTO:
Esta lubina será de cuarto kilo, su procedencia es la del super-mega-híper centro comercial. Así que la receta que propongo...
Lubina sin más
Una ración:
Una lubina, sal gruesa y aceite de oliva. A veces limón (por eso de la digestión).
Elaboración:
El mar es fascinante, misterioso y ensoñador para una persona de tierra adentro. Para las personas que viven junto a la mar, puede ser inquietante, mágica y necesaria. La sociedad crece gracias a la riqueza de su entorno. La industria facilita el abastecimiento, y la mar es explotada, infravalorada después de despachar nuestros desechos en ella. Esta manía, este inconsciente hecho no nos puede dejar impasibles.
Seguro que existe una legión de defensores del entorno, que consiguen secuenciar el estado de los litorales, tomando acciones para que todos los recursos que vivan en ellos, estén libres de cualquier peligro. Antes de ser recolectados con garantías.
En esta sociedad esta todo regulado, y el temor no tiene que ser por temas alimenticios. Mas bien los alimentos están mimados para que no falten.
El otro día recordé las lubinas de dos kilos y medio que asábamos en Caminante. Nunca dudé de que en sus vidas, hubieran nadado en un mar de plástico. No dudo de lo que me muestran, por que yo puedo elegir. Pero eso si, yo me lo llevo puesto...
Esta lubina será de cuarto kilo, su procedencia es la del super-mega-híper centro comercial. Así que la receta que propongo...
Lubina sin más
Una ración:
Una lubina, sal gruesa y aceite de oliva. A veces limón (por eso de la digestión).
Elaboración:
Precalentar el horno a más de ciento ochenta grados. En su bandeja, poner una capa de sal sin más. Sobre esta capa de sal ponemos nuestro regalo limpio y eviscerado, directo del mar. Un chorro de aceite de oliva y una gruesa capa de sal para protegerlo, del intenso calor del interior del horno. Y sin más se lo introducimos durante un tiempo estimado de veinte minutos. Puede que esté antes, y también puede que esté después, pero cuando tienes el regalo en tus manos, tienes que quitar con cuidado la sal que está encima. Es entonces cuando empiezas una ceremonia para desespinar el pescado. Dejándolo con trozos jugosos de carne que saben amar.
