lunes, 30 de septiembre de 2019

A MAR

ME LO LLEVO PUESTO:

El mar es fascinante, misterioso y ensoñador para una persona de tierra adentro. Para las personas que viven junto a la mar, puede ser inquietante, mágica y necesaria. La sociedad crece gracias a la riqueza de su entorno. La industria facilita el abastecimiento, y la mar es explotada, infravalorada después de despachar nuestros desechos en ella. Esta manía, este inconsciente hecho no nos puede dejar impasibles. 

Seguro que existe una legión de defensores del entorno, que consiguen secuenciar el estado de los litorales, tomando acciones para que todos los recursos que vivan en ellos, estén libres de cualquier peligro. Antes de ser recolectados con garantías.

En esta sociedad esta todo regulado, y el temor no tiene que ser por temas alimenticios. Mas bien los alimentos están mimados para que no falten. 

El otro día recordé las lubinas de dos kilos y medio que asábamos en Caminante. Nunca dudé de que en sus vidas, hubieran nadado en un mar de plástico. No dudo de lo que me muestran, por que yo puedo elegir. Pero eso si, yo me lo llevo puesto...



Esta lubina será de cuarto kilo, su procedencia es la del super-mega-híper centro comercial. Así que la receta que propongo...

Lubina sin más

Una ración:
Una lubina, sal gruesa y aceite de oliva. A veces limón (por eso de la digestión).
Elaboración:
Precalentar el horno a más de ciento ochenta grados. En su bandeja, poner una capa de sal sin más. Sobre esta capa de sal ponemos nuestro regalo limpio y eviscerado, directo del mar. Un chorro de aceite de oliva y una gruesa capa de sal para protegerlo, del intenso calor del interior del horno. Y sin más se lo introducimos durante un tiempo estimado de veinte minutos. Puede que esté antes, y también puede que esté después, pero cuando tienes el regalo en tus manos, tienes que quitar con cuidado la sal que está encima. Es entonces cuando empiezas una ceremonia para desespinar el pescado. Dejándolo con trozos jugosos de carne que saben amar.

martes, 27 de marzo de 2018

Como andar en bicicleta...

Siempre que se puede, ahí estamos para compartir y divulgar las virtudes del maridaje. El vino en este caso de la mano de Fervi (un sabio conocedor de lo catalán sobre todo) fue de lo más variado. Nos reunimos en la taberna del Sisbris en Lleida con Joan, que amalgamó y organizó dicho evento.



Comenzamos con un vino joven de uva tempranillo de La Rioja https://bit.ly/2umKoyW que Fervi eligió, y yo mismo admiré para crear una brocheta de frutos del mar con cítricos. Tuvimos una persona vegetariana y confeccionamos una variante con alga cochayuyo.


El segundo asalto lo protagonizó un vino tinto 40% de ojo de liebre, 30% de garnacha y 30% de cabernet sauvignon, del Montsant https://bit.ly/2GboRPs que maridamos con una tosta de pasta de champiñon con semillas de sésamo, se elaboró pensando en una persona celiaca, y algunas de las tostas fueron sin gluten. 


El tercer asalto vino acompañado con un tinto envejecido en barrica, de la Ribera del Duero https://bit.ly/2Gbd8R1 aquí tuvimos que echar toda la carne al asador con unos sabores arriesgados, en un formato de chupa chups, donde pusimos carne de pavo, calabaza y terminamos rebozándolo con semillas de linaza. El color rojo de una salsa de pimientos del piquillo con infusión de regaliz de palo, contrastó en colorido culminando un bocado magnífico. 



El cierre de la jornada explotó con la apertura de unas botellas de cava que Fervi había seleccionado de las Bodegas Oliveda https://bit.ly/2pIn7lC  al ser el último, y al querer terminar con algo de postre pensé en potenciar el aroma del cava con una textura de manzana, y el sabor de cuatro variedades distintas, con  hojas hierba buena y tomillo. 


Lo pasamos muy bien... Gracias a Fervi por su disposición, pasión y saber estar.


Con una ayudante de lujo... Gracias Vanda sin tu ayuda no hubiera tenido éxito la comida.


El cartel lo hizo Gisela Rue Miret, y su madre estas fotos tan bonitas, t'estimo Lili.


Somos equipo; empezando por la derecha: Emili, Joan, Vanda, Toño, Fervi.

lunes, 25 de enero de 2016

Nuevo descubrimiento

Las patarotas:

Las saque de un bote, con aspecto poco apetitoso; pero fue saber de sus detalles y desearla; es un bocado que te hace salibar, por su carga ácida y su textura crujiente; esta muy buena, el sabor es sutil pero armoniza por contraste dando amargos vegetales, volvere a usarla, cocida sera diferente, ya que se puede buscar una armonia por afinidad, para potenciar sus sabores. Es complicado conseguirla fresca, aunque por su tradicion en los mercados de la Noguera, aun se vende.

Es un alimento que para conservarlo, se seca, o encurte; Proviene de la planta Helianthus tuberosus, aguaturma; y en catalán también se denomina patarota o batata de la Noguera; En Francia la llaman Topinambour, en Estados Unidos es conocida como Jerusalén Artichoke. Su cultivo es muy sencillo. 






Vive bien en suelos muy variados y necesita poca agua. Es un alimento de mucha calidad tanto desde el punto de vista nutricional como organoléptico. Tiene una textura más harinosa que la patata y su sabor algo más dulce, tambien similar al de la alcachofa.


 
La aguaturma es un tubérculo bastante desconocido, pero con un gran número de beneficios sobre nuestra salud. Contiene inulina, un tipo de fibra que ayuda a controlar los niveles de colesterol. En cuanto a minerales, es una buena fuente de potasio, necesario para la transmisión del impulso nervioso, y de fósforo, importante en la formación de los huesos y dientes.

Es sorprendente lo que se encuentra debajo de la tierra; desde las trufas olorosas, a las harinosas patatas; de los perfumados jengibres, a las dulces zanahorias; de los balsámicos regalices, a los fugados esparragos... Es brutal, ver las flores, los frutos, las hojas, los tallos, y desenterrar sus raices para probar algo nuevo.