sábado, 27 de diciembre de 2014

Aprobecho para felicitaros a todos por estas fechas tan entrañables.... Esta entrada esta provocada por mi buen amigo Jhonatan, que quiere hacer algun pinito con el dulce y en concreto con el chocolate; aqui te doy las recetas de lo que me pediste; suerte y que te endulce la vida perra que nos ha tocado.... Un abrazo amigo.

Brownie 

Ingredientes:
 
125 gr de chocolate
 
125 gr de mantequilla
 
130 gr de azúcar
 
2 huevos
 
80 gr de harina
 
Elaboración: 
 
Fundimos el chocolate, añadimos la mantequilla en trozos hasta que se derrita con el chocolate, mezclándolo muy bien hasta crear una masa.
Por otra partre, batimos los huevos con el azúcar hasta que espumen y cambien de color; luego mezclamos con la mezcla de chocolate y mantequilla, le añadimos la harina tamizada, con cuidado ya esta listo para ponerlo en el molde.
Forramos una bandeja para horno con papel vegetal, e introducimos esa masa en el horno a 160º durante unos 30 minutos.

 

Coulant

 Ingredientes:

250 g. de chocolate negro 80%

150 g. de azúcar

200 g. de mantequilla 

6 huevos medianos

120 g de harina

1 pellizco de sal fina

2 cucharadas de cacao en polvo 70%
 
Elaboración:
 
Fundimos 200 gr. chocolate, añadimos la mantequilla en trozos hasta que se derrita con el
chocolate, mezclándolo muy bien hasta crear una masa.
Por otra parte, batimos los huevos con el azúcar y la sal hasta que espumen y cambien de color; luego mezclamos con la mezcla de chocolate y mantequilla, le añadimos la harina tamizada, con cuidado ya esta listo para ponerlo en el molde.
Forramos unos moldes para horno con mantequilla y cacao, e introducimos la masa; en el centro de la masa introducimos los 50 gr. de chocolate en trozos (repartidos en los 6 moldes); los ponemos en el horno a 220ºC durante 10 minutos.
 


Coulant para microondas
 
Ingredientes:

2 huevos.
 
100 gr. azúcar
 
100 gr. harina
 
110 gr. de mantequilla.
 
110 gr. de chocolate fondant
 
6 onzas de chocolate

Elaboración:

Fundimos 110 gr. chocolate, añadimos la mantequilla en trozos hasta que se derrita con el chocolate, mezclándolo muy bien hasta crear una masa.
Por otra parte, batimos los huevos con el azúcar hasta que espumen y cambien de color; luego mezclamos con la mezcla de chocolate y mantequilla, le añadimos la harina tamizada, con cuidado y ya esta listo para ponerlo en el molde.
Introducimos la masa en unos moldes de silicona o en unos vasos de plástico duro; en el centro de cada masa introducimos una onza de chocolate; los ponemos en el microondas a máxima potencia un minuto y medio; (cada microondas es un mundo así que habrá que hacer alguna prueba para que salga hecho por fuera y liquido por dentro).



martes, 7 de octubre de 2014

De la huerta al bosque

Ahora en la huerta sigue el trabajo; siempre hay trabajo, pero la recolección de frutos es escasa... Ahora hay que ir al bosque, allí nos esperan esas joyas tan ricas, tan exquisitas, tan fáciles de preparar. Hay que tener cuidado y recolectar aquellos ejemplares que conocemos, el mundo micológico es complejo y podemos sufrir sustos. dos de las que yo conozco ahora están en su auge, amanitas cesareas y boletus edulis.... Aquí una muestra de cinco ejemplares frescos y sanos de amanitas:




La limpieza de los hongos tiene que ser meticulosa ya que no podemos utilizar agua, para retirar la tierra utilizaremos una brocha de pelo duro, un paño de hilo humedecido para limpiar los sombreros y un cuchillo para raspar los tallos, nos ayudaremos de nuestro soplido para retirar las impurezas de entre las escamas que tienen debajo del sombrero. Aquí el resultado de una meticulosa y profesional limpieza realizada por Pepelu gran amigo aficionado a la recolección y búsqueda de setas.... Gracias por esta foto.




Aquí nos siguen unas imágenes en donde Jose Angel, maestro de maestros; nos enseña como lo invisible aparece, cuando miramos y no vemos... Para ver hay que ser humilde y agacharse.... 


video


En una próxima entrada mostrare recetas, otras variedades también comestibles y alguna que otra curiosidad sobre la cultura de la micología.


miércoles, 27 de agosto de 2014

Una entrada para mi cuñada 2

En la entrada anterior hablamos de su conservación; a continuación podemos decir que cuando las compramos podemos envolverlas en un paño húmedo, y en el frigorífico pueden durar unos quince días, siempre pensando que cuanto más tiempo pasa, menos aroma desprenderán... En los primeros diez días podemos estar tranquilos, siempre dando prioridad a las que tienen algún tipo de marca, producida al desenterrarlas, y a las mas maduras....
Un buen recurso es laminadas y sumergidas en aceite de girasol, este sistema nos limita las elaboraciones posteriores; pero da un buen resultado, manteniendo todo el esplendor del aroma. También en un jugo podemos sumergirlas y mantenerlas en el congelador; congeladas enteras se conservan igualmente pero este es el sistema mas abrasivo y ademas de perder su textura compacta, pierden gran parte de su aroma. 
Antes de utilizar las trufa como elemento principal de un plato podemos dejar su aroma en otros ingredientes y así ensalzarlos; las proteínas contenidas en las grasas son nuestras aliadas para atrapar el sabor y el aroma de las trufas: nata liquida, mantequilla, aceite, huevos (claras y yemas), leche, foiegras, manteca, etc... también hay líquidos como vino, licor, o vinagre, nos devuelve un producto con el aroma nítido de la trufa. las temperaturas ideales para trufar alimentos es entre 5ºC y 8ºC; la trufa no sufre y resiste más tiempo para un uso más amplio.



TRUFADO DE ALIMENTOS:

Mantequilla y Manteca:
Pondremos la mantequilla en un baño maría, añadimos la trufa y mantenemos a temperatura constante tapada con un plástico film durante una hora; retiramos la trufa de la mantequilla y conservamos; la mantequilla la retiramos del baño maría la batimos hasta que cambie su color y doble su volumen; este producto nos puede servir para realizar cualquier receta, incluso de repostería; también la podemos congelar, y admite que las trufas con menos aroma se puedan mezclar picadas y ganar un aperitivo sensacional con una pizca de sal untado en pan. para la manteca se aplica la misma técnica, desacemos la manteca al calor y ponemos la trufa dentro, la sacamos y esta grasa la podemos conservar fácilmente hasta su uso para guisar.

Aceite:
Los aceites para trufar tendrán que ser de girasol; y si son de oliva con la mínima acidez posible; se sumergen las trufas en el aceite y se dejan en lugar fresco y oscuro durante cinco días; se sacan las trufas para su siguiente uso y el aceite se cuela para conservarlo en lugar fresco y oscuro hasta su utilización.


Huevos:
Los huevos son geniales; absorben  el aroma a través de su cascara porosa, y una vez trufados, fritos con un buen trozo de pan son inigualables. Para trufarlos metemos una docena de huevos en un bote hermético con la trufa (10gr.) y ahí durante cuatro días son suficientes para tenerlos trufados. De estos huevos podemos utilizar sus yemas para hacer salsas con sabor a trufa; y las claras para añadirlas a otras elaboraciones emulsionadas o no.

Nata liquida y leche:
Sumergir la trufa en la nata durante tres idas antes de utilizarla en salsas, elaboraciones calientes o frías, al gusto. la leche tiene que tener mas tiempo la trufa en su interior ya que contiene menos grasa. 

Foie-gras y quesos:
Un hígado fresco a temperatura ambiente, limpio, desvenado y abierto, con laminas de trufa y sal, lo envolvemos  compactándolo y lo reservamos para su uso fresco a la sartén o si queremos hacer un micuit lo introducimos al horno con humedad 90 minutos a 90ºC, dentro de una bolsa de vacío o en un recipiente con un peso igual a su volumen. Con los quesos en frío podemos ponerlos en láminas entre capas de queso fresco y luego servirlo cortado como un pastel; o si son de pasta dura en aceite de trufa; o en su propia aceite poner las trufas.








Vinos, licores y vinagres: 
Los vinos blancos, de manzanilla, de oporto, de jerez, moscateles, rones, brandis, cognacs, orujos, pero todos con escasa acidez. introducir la trufa laminada en el liquido elegido a una proporción de 5gr. por litro; en dos o tres días a temperatura ambiente, tendremos unas laminas de trufa y un licor trufado; Con el vinagre nos pasa que es el ultimo destino de nuestra trufa, ya que por su mínima acidez, deja a nuestro protagonista sin más posibilidades de uso; para trufar vinagre buscaremos vinagres de frutas, vinos de moscatel, cava o sidra,  con poca acidez, en una proporción de cuatro gramos por litro, durante tres días.




lunes, 28 de julio de 2014

Lo que mas nos gusta?



Pastas, arroces y ensaladas






1ª jornada



La pasta al igual que el arroz son los alimentos más consumidos en el mundo, dadas sus características nutricionales y sus elaboraciones tan sencillas; estos ingredientes tan dispuestos nos ayudaran a confeccionar nuestros menús de principio a fin, acompañados con exquisitas ensaladas, que con sus componentes tan dispares y sus aliños, ya nos podrían cubrir las necesidades nutritivas diarias por si solas. En la clase de hoy abriremos boca con una ensalada de pato a la que aliñaremos con un agridulce y frutos secos; aprenderemos a elaborar pasta fresca al huevo y el nombradísimo pesto que no puede faltar; para terminar un arroz con leche al que daremos nuestro toque.

menú


ENSALADA TEMPLADA DE PATO

FETUCHINI AL HUEVO CON PESTO

ARROZ CON LECHE CARAMELIZADO 


recetas:

Confitamos la pechuga de un pato la fileteamos en láminas muy finas y las sumergimos en aceite con hiervas aromáticas. ponemos una parte de vinagre y tres partes de aceite, batimos y añadimos las frambuesas, volvemos a batir, reservamos. Limpiamos las lechugas y las troceamos. Machacamos un poco los frutos secos y los añadimos a las lechugas, rallaremos queso y más tarde la vinagreta; mezclamos bien y lo ponemos sobre un plato para echarle por encima las laminas de pato escurridas.

En un bol ponemos los huevos con las yemas batimos y añadimos el harina, mezclamos echando el aceite y la pizca de sal, una vez obtenida la bola de masa la guardamos en el frigorífico envuelta en un paño húmedo. En un vaso de batidora echamos ajos, albahaca, piñones, parmesano rallado y aceite, batimos todo y reservamos. Con trozos de la bola se hacen laminas muy finas de pasta y con ayuda de un corta-pasta hacemos tiras de un dedo de grosor. En agua hirviendo se cuece la pasta dos minutos, se escurre y en una sartén se saltea con el pesto. Ponemos todo en un plato y le rallamos queso.

Poner la leche en una cazuela, con un palo de canela; mientras tanto lavar el arroz con agua abundante y escurrirlo; lo añadimos a la leche y a fuego fuerte esperamos que rompa a hervir moviéndolo con una cuchara, para que no se pegue el fondo y cuando añadamos el azúcar bajamos el fuego dejándolo cocer tres cuartos de hora, apartar y añadir las hojas de gelatina dejar enfriar en la nevera. Para emplatar llenamos un aro y lo espolvoreamos con azúcar para quemarlo con un soplete.





2ª jornada

En esta clase utilizaremos la pasta como un formato, teñido y relleno de chocolate para disfrutar del contraste, con la acidez de una salsa de frutos rojos; la pasta como podemos ver, lo mismo vale para salado como para dulce. El arroz combinado con sepia hace un plato completísimo nutricionalmente hablando, haciéndolo en su punto seco, también podríamos hacerlo en su punto meloso o en su punto caldoso; para obtener su color y su sabor aprenderemos a hacer un fondo con base de caldo de pollo y más. Para empezar disfrutaremos de las setas que ahora están maravillosas y con una buena combinación de sabores y texturas sacaremos matices al menos curiosos.

menú


ENSALADA DE NARANJA, ESPINACAS, SETAS Y PARMESANO

ARROZ NEGRO CON SEPIA

RAVIOLIS DE CHOCOLATE CON SALSA DE FRAMBUESA


Recetas:

Limpiamos las espinacas, los perrechicos y pelamos las naranjas; en un bol disponemos las espinacas troceadas, las setas igualmente y la naranja en daditos pequeños, sin la parte blanca solo la pulpa y rallamos el queso parmesano, añadimos el aceite y mezclamos todo para disponerlo en un plato y decorarlo de una forma primaveral.

En una cazuela ponemos pimiento verde picado, unos ajos enteros y aceite; cuando este refrito añadimos pulpa de tomate y vino tinto, dejamos reducir, añadimos la tinta de calamar y mojamos con caldo de pollo, dejamos cocer. En una paella ponemos aceite, ajo y la sepia troceada, sofreímos y añadimos el arroz, rehogamos bien , añadiendo un poco de pimentón y mojamos con el caldo anterior, dejamos cocer y cuando esté seco lo terminamos en el horno antes probándolo de sal; podemos acompañarlo con all i oli.

Hacer una masa con el harina, el cacao y los huevos, dejar reposar y estirar. Con ayuda de un corta pastas hacemos rectángulos para poner encima la cobertura de chocolate, y con otro rectángulo de pasta cubrimos, pegamos con clara de huevo y reservamos. Cogemos unas frambuesas y las ponemos ha cocer con azúcar trituramos y pasamos por un colador, dejamos enfriar. En un plato hondo ponemos la salsa y sobre esta los raviolis que habremos cocido en agua dos minutos; contraste de sabores y temperaturas.




3ª jornada

Aquí terminamos las clases con estas tres recetas de pasta, ensalada y arroz; la pasta nos daría tema para toda una temporada pero nos conformaremos con conocer algunos de sus formatos esta vez le toca a las planchas de pasta, con las que podremos hacer canelones, lasañas, etc... con el arroz descubriremos a todo un clásico, al igual que otro punto del arroz, como es el punto caldoso, utilizando un fondo de pescado tostado, algo que nos dará mucho más sabor; y como no podía faltar la ensalada esta semana le toca como postre, una autentica experiencia de sabores, texturas y colores, todo ello aderezado con una salsa de yogurt. Buen provecho y a disfrutar en la cocina.


menú


ARROZ CALDOSO CON BOGAVANTE

LASAÑA DE TERNERA

ENSALADA DE FRUTAS CON SALSA DE YOGOURT


Recetas:

Ponemos unas espinas de pescado en una placa de horno a tostar; en una cazuela con agua, ponemos unos puerros y unas zanahorias a cocer, añadiendo las espinas cuando estén tostadas; en una sartén alta ponemos un poco de aceite, añadimos el bogavante troceado y lo salteamos flambeándolo con brandy, cuando se apague echamos el arroz tipo bomba rehogándolo tranquilamente y entonces añadimos salsa de tomate y pimentón dulce, movemos un poco con la cuchara y agregamos el caldo de pescado dejándolo cocer unos quince minutos, metemos en el horno cinco minutos más a 200ºC y a servir.

Mezclamos el harina, los huevos y la sal, hacemos una pelota de masa y la dejamos reposar. Por otra parte ponemos cebolla y ajo a pochar, añadimos la carne de ternera muy picada con vino tino dejamos cocer hasta que evapore el vino y añadimos salsa de tomate con tomillo, romero, albahaca y orégano, dejamos cocer rectificamos de sal y reservamos. Por otra parte hacemos una bechamel, con harina, mantequilla y leche, reservamos; sacamos la masa y la pasamos por la maquina hasta obtener laminas muy finas, cortamos unas pocas de las mismas medidas y en una placa de horno ponemos un poco de bechamel en el fondo, una lamina de pasta, una capa de carne de ternera, otra capa de pasta, otra de ternera y una de pasta, terminamos napando todo con abundante bechamel y lo introducimos al horno diez minutos a 180ºC, listo para comer.

Troceamos las frutas después de lavarlas, las ponemos a macerar unos treinta minutos en un licor al gusto, las sacamos a un bol y le agregamos un yogurt batido con nata liquida, y así de simple nos vitaminamos y nos mineralizamos. Buen provecho y hasta el curso que viene.










Cocina con verduras




Ciertamente, la verdura es uno de los ingredientes más utilizados en la gastronomía; en una sociedad como la actual se han dejado de lado no porque no gusten sino porque cuesta tiempo elaborarlas y apañarlas; el menú de hoy no es el ejemplo más apropiado pero nos daremos cuenta de su versatilidad y las sorprendentes sensaciones que nos regalan; la primavera, las lluvias, los espárragos gordos a buen precio, los huevos escalfados acompañamiento ideal para la textura del espárrago, guisantes frescos hechos puré, cordero con aroma a menta, verdura crujiente, una tendencia ya admitida en nuestros platos, zanahorias transformadas en bombones y en definitiva un mundo de verduras a nuestro alcance.

menú

ESPÁRRAGOS CON HUEVO ESCALFADO

CORDERO CON MENTA, SALSA DE GUISANTES Y VERDURAS CRUJIENTES

BOMBONES DE ZANAHORIA
recetas:


Poner una cazuela al fuego con agua y azúcar; mientras tanto pelar los espárragos de la punta hacia el troncho, girándolos para que queden perfectamente pelados, y cuando los tengamos todos igualamos los introducimos en una cazuela vacía con las puntas hacia arriba, le añadimos el agua hirviendo hasta cubrirlos, dejar cocer unos veinte minutos dependiendo del grosor, aunque es conveniente sacar uno para probarlo. Para el huevo escalfado poner agua con sal y un poco de vinagre en una cazuela al fuego, cuando hierva cascar un huevo dentro y dejarlo unos cuatro minutos.

Cortamos láminas  muy finas de zanahoria, calabacín y boniato; en una sartén con aceite bien caliente freír las verduras después de pasarlas por harina, despacio para que no se quemen, reservamos sobre un papel absorbente. Asar el cordero relleno con la menta y reservar. Cocemos los guisantes en agua con sal, los escurrimos y los trituramos en un pasapurés, si quedara espeso, podemos rebajarlo con infusión de menta; probamos de sal y listo; para el montaje del plato ponemos el puré en el fondo y sobre él, ponemos el cordero calentito y sobre este unos crujientes de verduras.


Rallamos la zanahoria, la reservamos; hacemos zumo de naranja y en una sartén ponemos el azúcar con el zumo y la zanahoria; ponemos especia de clavo y dejamos que se evapore todo el liquido. En un bol derretimos el chocolate al baño maría y añadimos la nata, batimos el conjunto enérgicamente y un poquito de mantequilla al final. Cogemos pequeñas porciones de pasta de zanahoria y las bañamos en el chocolate las ponemos en un congelador antes de servir.


lunes, 21 de julio de 2014




cocina antigua


1ª jornada

En esta clase veremos tres recetas de la edad media; en esta época todavía sin descubrir América, en los palacios se cocinaba con todos aquellos productos exóticos que llegaron por la ruta de las especias de Marco Polo. También se utilizaban ingredientes dejados por los musulmanes, como la almendra. Por estos recetarios que nos dejaron también sabemos que todavía saltaban los salmones por los ríos de la península, y como condimento se utilizaba el agraz un liquido que obtenían de fruta verde normalmente de uvas.

menú

POTAJE DE MANOS DE CARNERO

CAZUELA DE SALMÓN

HUESOS DE SAN EXPEDITO

recetas:

Ponemos a cocer las manos de carnero, una vez tiernas se deshuesan y se echan en una cazuela cubriéndolas a partes iguales con leche de almendras y caldo de ternera llevamos a ebullición y quitamos la espuma que flota en el potaje, una vez se vea reducido el liquido sazonamos con jengibre, sal y azúcar; y listo para degustar.

Se obtiene un buen salmón fresco: se limpia y se lava; se mete en una cazuela con especias, romero, pimienta, azafrán, jengibre, sal y zumo de naranja. Se arrima a las brasas del fuego. Una vez esté a medio cocer, en un mortero se ponen almendras, pasas, piñones y de todas las hiervas, lo majamos y lo metemos dentro de la cazuela para volver a tapar y terminar de cocer.

Se mezcla el harina con la levadura, ponemos todo sobre la mesa y con forma de volcán vamos añadiendo los huevos previamente batidos, el aguardiente, el aceite y el azúcar; se va uniendo todo despacio hasta obtener una masa compacta; dejamos reposar como media hora. Una vez pasado este tiempo hacemos barritas a las que daremos un cortecito; en una satén con aceite no muy caliente freiremos los trocitos de masa para que se inflen un poco y se rompan por el cortecito. Una vez dorados los sacamos y los espolvoreamos con azúcar y dejamos enfriar antes de comerlos.



2ª jornada


Siguiendo con esta selección de recetas, del siglo XV podemos deducir que la técnica de cocina era escasa; básicamente cogían un puchero donde ponían todos los ingredientes y cocían; o escaldaban piezas de carne para más tarde asarlas a espetón. Todavía no se había llegado a rebozar con huevos, harina, pan rallado, etc... en la clase de hoy probaremos un potaje, en el que nos encontramos otra vez con el jengibre, las hierbas del campo y con una mezcla de huevos y agraz, que harán amalgamar todo el potaje; un plato exquisito de cordero; y por ultimo un postre típico en la época una masa con malvasía y luego frita.


menú

POTAJE DE MADAME

CORDERO A LA MIEL

OREJAS DE CAMINANTE

recetas:

Con las almendras y los piñones, hacemos una majada que añadiremos a un caldo de pollo que pondremos a cocer; añadimos jengibre, pimienta en grano, mejorana, orégano, perejil y un poco de poleo todo bien molido, dejamos cocer y en un cazo aparte ponemos unos huevos, batidos con agraz o vinagre. Una vez hecho esto, apartamos el caldo del fuego y añadimos la mezcla anterior, removemos con una cuchara de palo y reservamos hasta el momento de servir con cuidado de que no cuajen los huevos.

Se deshuesa una pierna de cordero, se pican finamente las zanahorias, los ajos, los puerros y las cebollas; en una sartén con aceite se ponen los huesos de cordero, con las verduras y se rehogan unos minutos, se cubre de agua, dejándolo cocer a fuego lento dos horas. En un cazo ponemos el brandy, el vinagre y el vino, reducimos a la mitad y añadimos el laurel y el tomillo, junto con la miel y el jugo que ha quedado de la cocción de los huesos, esto lo dejaremos cocer hasta obtener una salsa espesa. Aparte en el horno ponemos las piernas bridadas en el horno a 180ºC durante 35m.

Se fríe el aceite con un ajo se deja enfriar y se saca el ajo. Añadimos zumo de naranja, azúcar y la malvasía, cocemos y reservamos. Sobre un mármol mezclamos el harina con la levadura hacemos un montón con forma de volcán y en el centro el huevo, que lo mezclaremos al igual que añadimos lentamente la mezcla anterior. Amasaremos pacientemente hasta obtener una masa homogénea y elástica más tarde estiraremos con el rodillo y haremos unos cuadritos que freiremos hasta que estén dorados y terminaremos espolvoreando con azúcar.





3ª jornada


La cocina antigua podemos decir que es la que pasó, la de ayer. Lo que ha quedado documentado es lo que entendemos, por historia. En esta clase daremos la historia de la tapa; Alfonso X el sabio, ya sugirió que por cada dos cuartillos de vino se diera un alimento sólido, para que no sentara mal el vino. Carlos III en su colonización de sierra morena también obligó a servir comida con el vino, ya que los arrieros sufrían accidentes, y los colonos no aguantaban en pie hasta la cena; Fernando VII en su visita a San Fernando en la (venta del gato) ya probó la tapa que se le puso sobre su vaso de jerez, para que no vinieran los insectos, y Alfonso XIII también habló sobre ello cuando le ponían jamón sobre el vaso y evitar que entrase la arena de la playa; las fuentes son diversas pero la tapa sin duda fue un invento de necesidad

menú

Saquito de manitas hongos y foie

Mantecado con anchoa y pimiento verde

Pie azul en salmuera con sésamo

Foie a la plancha con manzana

Queso de cabra y naranja

Cremosito del Zújar con miel de romero

Rabo de toro con piña

Rulo de queso con encurtido y ahumado

Jamón con gambas y pasta brick

Tempura verduras y setas con romescú

Brandada de bacalao

Atún de almadraba con sésamo tostado



recetas:

Saquito de manitas, hongos y foie: cocer las patas, deshuesarlas; en un cazo pochar ajo y cebolla, añadir los hongos muy picados; añadir un poco de vino blanco y terminar añadiendo el foie picadito. Una vez frío se corta en dados para envolverlos en pasta brick que haremos en el horno. 

Mantecado de anchoa y pimiento verde: ponemos la mantequilla, la yema del huevo, la sal, la pimienta y el harina con el queso rallado, hacemos una masa y la reservamos. Asamos el pimiento y lo pelamos, cogemos los filetes de anchoa y hacemos unos rollos junto con el pimiento, para ponerlos sobre los mantecados que habremos horneado con forma de moneda. 

Pie azules en salmuera: a partes iguales agua con sal y vinagre blanco, para cocer las setas que dependerá el tiempo del tamaño de la seta, terminamos con el sésamo tostado por encima. 

Foie con manzana: pelamos y troceamos la manzana, cocemos con el azúcar, el vinagre y las especias, en una tosta de pan montamos el foie, la manzana y reducción de moscatel. 

Queso de cabra y naranja: pochamos las rodajitas de naranja con azúcar, vinagre, miel y vino blanco, sobre una tosta de pan ponemos un trozo de queso de cabra y la naranja, que gratinaremos antes de servir. 

Cremosito del Zújar con miel: sobre una tosta de pan ponemos un poco de cremosito, lo metemos en el horno y cuando empiece a fundir emplatamos y cubrimos con la miel. 

Rabo de toro con piña: guisar el rabo con vino y pimiento, deshuesarlo y hacer un relleno con un poco de su salsa, hacer una rodaja de piña y hacer un ravioli con el relleno. 

Rulo de queso con encurtido y ahumado: mezclar el queso de untar con alcaparras y pepinillos muy picados; en un plástico film ponemos el ahumado y sobre este la masa anterior, hacemos un rulo y lo cortamos en rodajas, emplatamos con alguna hierva aromática. 

Gamba y jamón: colas de gambas peladas envueltas en lonchas de jamón y dentro de pasta brick para freírlos. 

Tempura de setas y verduras con romescú: harina, huevo, levadura, y sal en lugar templado para que fermente; cortamos todas las verduras y las pasamos una a una por la tempura para freírlas en aceite bien caliente. 

Brandada de bacalao: ponemos el aceite a templar, con unos ajos fileteados, cuando estos estén confitados, apartamos y añadimos el aceite al bacalao triturándolo con una batidora, emulsionando como de una mayonesa se tratara; dentro de pasta brick o sobre tosta de pan. 

Atún de almadraba con soja, jengibre y sésamo tostado: se cortan dados de atún los ponemos con soja y jengibre rallado, después de un rato los salteamos en una sartén y los rebozamos en el sésamo; se puede acompañar con una salsa picante.


viernes, 18 de julio de 2014

Una entrada para mi cuñada.




Tuber Aestivium (trufa de verano)








Siempre ha sido la obsesión del ser humano la conservación de los alimentos.... Las trufas son "diamantes negros", como decía Brillat-Savarin; capaces de hacer a las mujeres más tiernas y a los hombres más agradables....
Hay muchas variedades de trufas, la conservación es igual para todas; con la experiencia y la tecnología, en el tiempo se han utilizado varias técnicas:

-Desecadas en hornos con calor, y trituradas para convertirlas en polvo.

-Enterradas en arena seca, ceniza, serrín o tierra, para que la humedad no las pudra.

-Recubiertas de cera, para que ni el aire, ni la humedad las deteriore.

-En mantequilla, o en grasa animal dentro de una cámara frigorífica.

-En bolsas al vacío.

-En recipientes herméticos con arroz o pasta seca.

-En botes de cristal cubiertas de un liquido, como el agua, salmuera, aceite con poca acidez, vino blando u oloroso, caldo o una mezcla de alguno de ellos.

-Congeladas en frigoríficos o cámaras bien protegidas por plástico  film.

En esta ocasión solo las nombro, en otra entrada explicaré cual es la técnica con sus detalles para un buen resultado. además de recetas y usos (como trufar otros ingredientes)

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jueves, 17 de julio de 2014


EN EL STAND DE LA RIOJA EN FITUR:






CON ALBERTO RUIZ... BUENOS MOMENTOS!!!!


Para el vino de Crianza (VIÑA GRAJERA)


Crema de Patatas a la Riojana con Picadillo de Chorizo y Guindilla. 

Como punto de partida la patata es un ingrediente suave que como crema iría más adecuadamente con un vino blanco sin madera. El elemento diferenciador es obviamente la utilización del pimentón dulce. Ya sea usado como ingrediente imprescindible del chorizo, añadido en el guiso. Esta especia realza y refuerza el gusto del plato dándole más garra y sabor que se traduce en una mayor aptitud a aguantar el sabor del vino tinto de crianza. Éste aunque de medio cuerpo es un vino redondo y sin aristas que acompaña adecuadamente la sensación punzante tan agradable de la especia y la textura grasa de la carne. 

Morcilla con Pimientos Rojos. 

La morcilla es una carne sabrosa y sutilmente especiada que tiene una textura propia y ligeramente grasa. Este elemento graso necesita un producto que le dé más frescor y una gama de sabores que la complemente. El pimiento rojo asado tiene una textura carnosa y un aroma fino además de un ligero ahumado que siendo completamente diferente a la morcilla permite una buena combinación de sabores. El vino tinto de crianza entra muy bien en este maridaje ya que aguanta el sabor fuerte de la morcilla y el brío del pimiento. 


Para el vino de Reserva 2002 (VIÑA GRAJERA)


Crema de Alubias de La Rioja con picadillo de Berza 

Aunque la alubia blanca es una legumbre relativamente suave la textura de ésta es notablemente más carnosa que la de por ejemplo las patatas y nos permite jugar con más acuerdos gastronómicos. Si unimos al guiso el uso de la berza y la grasa del tocino dará más fuerza al plato y así nos permitirá aventurarnos a servirlo con un vino Reserva. El resultado será adecuado pero posiblemente el vino domine ligeramente al sabor del plato aunque esto no suponga ningún problema para disfrutar tanto del vino como del plato. 

Albóndigas de ciervo de la Demanda con salsa riojana de vino y Cereales. 

El sabor pronunciado y la textura fibrosa de la carne de caza se corresponde a la perfección con el vino Reserva que indudablemente muestra su mejor faceta con su corpulencia y constitución. La salsa de vino tinto con pimientos añade más fuerza e intensidad al sabor del plato. Un maridaje para disfrutar. 

Textos: Alberto Ruiz 
globalvinos@gmail.com y Toño Alcalá 

 


viernes, 11 de julio de 2014

RELATOS III

III:

Conducía un Opel Corsa gris metalizado prestado, por aquellas carreteras de alta montaña dejadas de la mano del MOPU; en aquellos años de transición en compañía de mi intimísimo colega Manolo, un tío de poca conversación pero divertido, de confianza pero distraído, genial y atrevido; teníamos entrevista de trabajo en un hostal-bar-restaurante, muy normalito; once habitaciones, comedor para cuarenta personas y a pie de la carretera principal a la entrada del pueblo, que era la cabecera de la comarca más olvidada del centro de la península; la corriente turística que alimentaba aquellos lugares era de personas de alto poder adquisitivo, que buscan la naturaleza de una playa de agua dulce, los caminos sombreados llenos de piedras sueltas entre peñas y laderas, aire con aromas a sotobosque, gastronomía montañosa y descanso entre replicar de campanas.
La carta del restaurante debía de ser sencilla, el menú asequible para los abundantes obreros que movían tierras y limpiaban bosques por la zona, la calidad de la comida, la que se pudiera obtener con los productos que nos traían los proveedores quincenalmente y la rapidez del servicio la misma que se exige cuando se llena el comedor de personas hambrientas con la cartera llena.
El dueño era un joven como nosotros, con mirada avispada, conversación acelerada y cabeza desordenada; nos enseño la cocina; amueblada con una pequeña freidora de un par de litros, cuatro fuegos a gas, un horno a la altura de las rodillas, una plancha con dos texturas, una lisa y otra rugosa, fregadero, tajo, congelador de pie, cámara de cuatro puertas, encimera central metálica y un lavavajillas para desriñonarse..... De allí fuimos por un pasillo dejando a un lado la salida al comedor, al otro lado una puerta que daba al almacén lleno de barquillas de plástico apiladas hasta el techo con cascos retornables de cerveza y refrescos, que a su vez tenía salida a un patio con unas jaulas de gallinas vacías unos comederos de conejos y dos muros ocultando las cochineras huérfanas; seguimos el pasillo esquivando los cubos de la fregona y los palos de los escobones que se apoyaban sobre el rollo de manteles de papel, hasta que nos encontramos con la entrada al mostrador del bar y las escaleras a las habitaciones.
El lugar parecía limpio aunque las baldosas fracturadas de los peldaños se movían, los travesaños carcomidos con agujeritos infinitos en la barandilla rechinaban y las puertas perdían la cascarilla de la pintura estropeada por la edad y la sequedad del lugar; nuestro alojamiento estaba en la primera planta sobre el salón del comedor, compartíamos el baño con tres habitaciones más, ocupadas cada una por tres literas, listas para los clientes que estaban por llegar. Valoramos las horas de trabajo, las responsabilidades con las compras y las tareas de orden y limpieza, Manolo hizo la pregunta del millón, ¿cuanto íbamos a cobrar?; con la manutención y el alojamiento incluidos, no nos pareció mal; cerramos el trato nos dimos las manos y no pensamos en lo que nos esperaba: un verano largo y escocido, sin un solo dia de descanso, una cocina reducida, turnos partidos o mejor dicho turnos continuos y un jefe bastante flipado; por aquellos tiempos escuchábamos heavy metal y fumábamos bastantes porros y las cosas mas duras las dejábamos para cuando había fiestas, vacaciones o cosas que celebrar; pero aquel lugar era una bacanal... Nos levantábamos sobre las nueve y tomábamos un café con bollos de leche, organizábamos la cocina; las guarniciones, las salsas, las carnes y pescados en raciones y los tres primeros y segundos del menú solo para calentarlos. Hacia las doce aparecía Jull, el jefe; sacaba una papelina del bolsillo la volcaba sobre el tajo de madera que estaba en la entrada y alineaba dos montones en filas y nos daba los buenos días; Manolo y yo nos mirábamos, nos encojiamos de hombros, sonreíamos con picardia y mientras mi intimísimo amigo esnifaba una linea yo traía una jarra del agua llena de cerveza fresquita, mientras yo esnifaba la otra, mi intimísimo amigo ponía la cinta de los Manovar a toda castaña. Todos los días eran igual; nos levantábamos, café con bollos, organizábamos la cocina, los buenos días de Jull, el servicio acelerado hasta las cinco y media, comíamos todo lo que queríamos, terminábamos exprimiendo con alergia la botella con el licor de hierbas gallegas, echábamos la siesta, a las ocho tomábamos una caña y encendíamos la maquinaria para dar las cenas, trabajábamos entre porros y cervezas, terminábamos limpiando, barriendo y fregando, hacíamos la lista de la compra, apuntábamos lo que se había terminado y en la habitación decidíamos que hacer: si dormir o marcharnos de juerga... esta segunda posibilidad era la que menos enlejiamos, ya que cuando salíamos no pensábamos en la cartera y aquel verano era para guardar dinero que necesitaríamos para terminar el último curso de nuestra formación profesional en hostelería. Mientras estudiábamos ya nos lo pasábamos suficientemente bien, como para tener ansias de libertad, ese verano debía de ser un verano fructífero, de los de sumar y no restar. Pasaron los días, pasaron las noches, y veíamos como se lo pasaban las gentes del lugar... Llegaron las fiestas del pueblo; estábamos preparados ya que pasamos una semana con extra de trabajo, elaborando la previsión de las raciones que podrían venderse en cinco días locos. Cuando pasamos el primer servicio la cosa fluyó, fue intenso porque estuvimos cinco horas ininterrumpidas montando platos con elaboraciones al momento. Una cocina bastante elaborada para el volumen de venta y del personal escaso; fuimos a la habitación sin comer y allí estaba Chuchi, el amigo amiguísimo de Jull; estaba sentado en una silla delante del escritorio junto a mi litera, con una montaña de sustancia anfetamínica, haciendo particiones y pesándolas en una tana no muy grande, las porciones las volcaba en papeles doblados con forma triangular que después de plegarlas se convertían en papelinas con forma de sobre de correos, Manolo calló sobre su cama como un saco, y yo miraba a Chuchi, como movía la mandíbula y acompañaba con la lengua los movimientos de los dedos dando pliegues en el papel. Le pregunté si necesitaba ayuda, ya que se le veía con poca maña, y me ofreció a darme una parte del botín por mi ayuda... Empecé a cortar papelitos cuadrados de un cuaderno con hojas en blanco, el pesaba y yo doblaba las esquinas de los papeles, perdí la cuenta para cuando, sonó el despertador de Manolo, nos despedimos del amiguísimo y bajamos a la cocina; encendimos los fuegos y el resto de maquinaria, hicimos un recuento y anotamos lo que faltaba para pasarlo a los de la sala, comenzamos a dar las cenas y otra vez como poseídos montamos platos llenos de carnes asadas, pescados delicadísimos, salsas humeantes y guarniciones brillantes, de verduras de colores... Ya empezaban a conocernos como auténticos cocineros, pedían lo que más recuerdos dejaban en clientes que chafardeaban de que habían comido allí... Jull se sentía orgulloso de sus fichajes para la temporada de verano, venia con jarras llenas de cerveza, y sus comentarios eran halagadores aunque nosotros modestos, no parábamos de pasar la bayeta a las superficies de aluminio, de ordenar las cazuelas brillantes o de pasar el mocho con agua enjabonada por el suelo, mientras el se lo flipaba; después de apagar aquella noche las luces de la cocina, nos fuimos al bar de la plaza del pueblo, para saborear unos bocadillos repletos de embutidos, acompañados de patatas crujientes y cervezas chorreando espuma, fumábamos unos cigarros y nos dejábamos convencer por cualquiera para ir al pub y seguir bebiendo cervezas espumosas, fumando canutos entre delirantes sonidos de guitarras, al compás de bombos y cajas golpeadas con fuerza brutal... Nunca llegábamos a perder el conocimiento, pero cuando no podíamos con el cansancio volvíamos tambaleándonos al hostal... Eran fiestas y las calles estaban llenas de gente, eran la única diferencia con otras noches. Aquella noche entramos por la puerta de la cocina que dejamos intencionadamente abierta, pillamos agua y algo de papeo antes de subir, y allí en medio del comedor estaba Jull sentado en una silla dando la espalda a la escalera, se le estaba cabalgando la hermana de Chuchi, una chica muy atractiva con un pelo rubio, liso y largo; no parecían haberse dado cuenta de nuestra presencia y no cesaron de gemir y moverse acompasadamente... Nosotros pasamos de largo como si nada, y ella escondía su rostro en el cuello de Jull.... Entré en la habitación y Manolo se quedó en la escalera obsevandolos... Encima de la mesa del escritorio junto a mi litera, Chuchi me había dejado mi parte, unas doce papelinas, que guardé en el cajón de mi mesilla. Me desplomé sobre la cama y no escuche ni entrar a Manolo. Empezaba el segundo asalto, aquella mañana estábamos con algo de resaca... Jull no vino a darnos los buenos días y yo fui a la habitación para abrir el cajón de mi mesilla, nos metimos unas filas y como locos dimos un servicio delirante... Comimos, echamos una siesta, nos dimos una ducha y a las cenas...
El cuarto día llegó, estábamos rabiosos, tensos, con esa sensación de reventar... Agotamos todas las elaboraciones, empezamos a improvisar recetas teníamos bastante maña, nuestra concentración no daba tregua, hasta que ocurren accidentes... Tendríamos unas catorce comandas clavadas en las escarpias que salían del frontal de la cocina, hubo el típico momento tonto en el que estás con la sartén por el mango y con destreza salteando unas cebolletas, y sorprendentemente sin la acción de echar licor para flambear, por el exceso de calor en el metal, se prendió con llamaradas que subían hasta la campana, incendiando a su paso todas las comandas... Había que ver la escena, en pleno apogeo del servicio, montando platos, cogiendo los platos sucios que nos traía la moceta de la sala y pasándoselos al mocete de la pica; procurando gestionar el tiempo con inteligencia para que todos los platos que se terminaban, fueran juntos a la misma mesa. Se inundó todo por una nube de papelitos negros como un confeti de funeral, absorbido por el extractor y empujado por las llamas, era el caos... Nos quedamos literalmente ciegos, empezamos a dejarnos llevar por las cosas que se amontonaban para emplatar, lo único que teníamos claro era la composición y el remate de las recetas: a los trozos de pollo asado le añadíamos la porción de salsa americana y cuando empezaba a hervir le echábamos las colas de langostino, emplatándolo con las patatas al horno y el cebollino picado en diminutos aros verdes; la lasaña la poníamos dentro del horno emplatándola humeando y con un sofrito de ajos, hongos, tomillo, higadillos de pollo y un aceite de perejil; el lomo de ciervo lo marcábamos sobre la plancha rugosa, lo imprescindible para que no estuviera crudo y no perdiera su ternura, terminándolo con un cazo de salsa de arándanos templada y unas patatas fritas, con unas hojas de albahaca en la cima de la carne; el arroz lo terminábamos con diez minutos de cocción añadiendo un caldo de colmenillas que hacían bucear los trozos de calamar, rectificábamos de sal y dentro de un aro metálico para que quedase bonito, poníamos una ración con queso curado de la zona y rallado a forma de sombrero y el aceite de trufa inundándolo todo con su olor y para rematar, alguna colmenilla salpicada por el plato; las raciones de merluza salían poco, pero quedaba un plato espectacular, era un plato que lo hacíamos al momento, que en siete minutos con la salsa hirviendo teníamos un pescado cocinado y jugoso, era impresionante el aspecto que quedaba después de retirarlo del fuego con esa salsa blanca que olía a vino blanco y se teñía de verde intenso cuando le ponías el perejil picadísimo, con las cocochas que el propio calor de la salsa descongelaban y se cocinaban antes de emplatarlo, cuando lo pedían las mocetas de la sala. En aquel servicio no tuvimos que cocinar al momento, sino a la voz de ya; ya que ciego no es el que no ve, sino el que no sabe; y no se sabe cuando y qué quieren los clientes hambrientos con la cartera llena. Corrimos como diablos, algunos clientes esperaron más de lo normal y el postre para todos igual.... Dulce de membrillo con queso blanco y nueces; después de aquella odisea no nos quedaron ganas ni de comer, caímos en los colchones de nuestras camas derrotados con el amargor de un mal servicio, donde la satisfacción del cliente fue baja por la espera.
Nos incorporamos como zombies para dar las cenas y después de recoger, ordenar, limpiar y hacer un recuento de las mercancías nos dispusimos a enfrentarnos al resto de la temporada, haciendo listas de compra, rectificando algún plato, cambiando otros y meter en carta otros, que resultaban más sencillos de ultimar... Mi amiguísimo estaba desencajado, Jull nos animó con su peculiar forma de hacer las cosas, cenamos los tres hablando de los pormenores de las fiestas y en resumen de lo bien que lo estábamos haciendo, nos dijo que si queríamos apuntarnos a salir con los hosteleros del pueblo, donde la última noche de fiesta era para ellos... Familiares y amigos quedaban atendiendo los negocios, mientras que camareros, camareras, cocineros, cocineras y cualquiera que tuviera marcha, bailaban en la verbena del pueblo, el asunto no pintaba mal, aún me quedaban en el cajón diez papelinas y dinero suficiente como para estar bebiendo tres días sin parar.... Nos dimos una ducha, nos vestimos elegantes y después de meternos unas filas nos fuimos escaleras abajo a desahogar toda la presión de los cuatro días tormentosos sin descanso... Toda la gente estaba con muchas ganas y medio colocada, era divertidísimo ir a los bares y encontrarte con ese personal patoso que no estaba acostumbrado a tirar cañas y ver como llenaban los vasos de espuma, los cubatas con hielo a rebosar y con tanta ginebra, que teníamos que pedir vasos más grandes para poder añadir hasta tres tónicas para que se pudiera beber... La gente estaba alborotada, la música se paraba, volvía a arrancar y saltaban canciones que te hacían reír o salir corriendo del bar; el ambiente era singular, veía como se echaban cosas en los vasos, veía como todo iba a más, ya no hacia falta ir al baño a esnifar... sobre el mostrador, pasabas una servilleta y allí volcabas aquellas papelinas que tanto me costó doblar... Los novatos se empezaron a cansar y apagando las luces empujaban a los propios dueños de los bares a la calle... Aún quedaba otro plan, ir de chamizos... Esas cocheras que se acondicionaban con palets, cartones, colchones y tinajas de vino cocido..... Picaderos en toda regla de los jóvenes del pueblo... Nunca vi tanto vicio desatado, Manolo estaba siendo comido a besos por la moceta rubia que servia el comedor; Jull me ponía rayas de dos en dos, Chuchi estaba embelesado con la cabeza entre las dos tetas de su novia; la música no dejaba de sonar, era imposible poder hablar, me dejaba llevar, mis sentidos estaban amplificados, mi equilibrio algo disminuido; se me acercó la hermana de Chuchi, con gestos pude adivinar que quería tabaco, se le veía que estaba entre rabiosa y colocada, miré a mi alrededor y ¡ya está!, Jull estaba metiendo mano a una chica del pueblo de al lado, que gustosa le correspondía, yo fruncí el ceño y mire a Chuchi que le daba igual lo que estaba pasando, estire mi mano hasta la cintura de su hermana y haciendo un poco de fuerza la acerqué hasta mi, me quedé mirándola rozando nuestros pechos, sin soltarle la cintura y esperando a que ella respondiera, presionó lentamente su pecho voluminoso y dejándome llevar le encaje mis labios en su boca, nos gusto, ya que no nos soltamos hasta que Jull, la cojió de la mano, me dio una bolsa con disimulo y se marcharon..... Me quedé con una sensación extraña, le di la vuelta a la bolsita, hice unas seis lineas paralelas, le hice señas a Manolo que seguía por allí, Chuchi también se percato de la jugada y se arrimo con su novia, y la que se había calentado con Jull vino directa a mi, cojió mi mano para ponerla entre sus piernas y metió uno de sus dedos entre sus labios... ¡puf!, dejarse llevar suena demasiado bien.... Me llevó hasta una furgoneta que estaba entre unos árboles aparcada en las afueras del pueblo y allí vi amanecer.....




Fui como un autómata hasta el hostal, no quise despertar a Manolo, ya que por debajo de su colcha se asomaban tres pies.... Me duché y baje a la cocina, solo pude tomar un café; encendí las máquinas, puse a asar los pollos; atendí al frutero que traía el pedido de la verdura, le comente que era la última semana de la temporada para nosotros, que tendría que hablar con Jull para seguir vendiendo. Antes de que bajara nadie, apareció la chica de la furgoneta por la puerta de atrás... Llevaba gafas de sol, dos coletas y un vestido amarillo y verde corto; confesó que querría volver a verme y me preguntó por mi nombre, de donde era y en que teléfono podía localizarme; yo estaba un poco sorprendido, porque la chica era un verdadero bombón, y lo de la noche anterior pensé que era un calentón... Le dije que estaría aún por el pueblo unos días, que no solía salir del hostal sino era de noche, pero que el merendero donde tenia la furgoneta aparcada me pareció de lo más tranquilo y agradable, para descansar por la tarde, me dijo que estaría allí hacia las cinco; le pregunté su nombre a la que me dio la espalda antes de salir, y girando su cabeza susurró Trinidad... Bajó mi amiguísimo, se comunicó con monosílabos, dejamos todo listo para el menú que dejamos de dar en fiestas, teníamos una crema de gazpacho, con picatostes de ajo; pasta con salsa americana y frutos del mar; ensalada de bacalao y garbanzos con vinagreta de pimientos asados; pollo asado con su jugo ligado y patatas asadas al gratén; poupietas de fletan con salsa verde y zanahorias; chuletas de pierna de cordero a la parrilla con patatas fritas y los postres de siempre: flan, helado, fruta en almíbar y tarta al güisqui. Fue un servicio tranquilo, no hablamos mucho, Manolo echando miraditas y risitas con la moceta de la sala; yo con escalofríos entre las piernas y pensando si ir al merendero; no estaba preparado para conocer a otra persona, con la que pudiera hacer algo más que viajar, conversar y reír. Soy persona que sin saberlo se vuelve dependiente, aunque esa es mi lucha, la independencia. Llegó el día de marchar, recogimos las cámaras frigoríficas, ordenamos los congeladores y subimos a por las maletas a la habitación, allí estaba Jull contando dinero, mientras hacia dos montones nos explicó lo contento que estaba de nuestro trabajo, nos confesó que para la temporada que viene le habían ofrecido además del hotel el camping junto al pantano, que buscaríamos a mas personal y nos encargásemos de las dos cocinas; no pintaba mal, pero tanto vicio era peligroso pensé; cogimos los fajos de billetes, nos despedimos contestándole que lo pensaríamos y fuimos a por el coche, allí estaba Martita, la moceta de la sala, esperando a Manolo, y un poco más allí una furgoneta con una chica de coletas, con un vestido corto; Manolo y yo nos miramos, aun nos quedaban diez días para continuar con los estudios de hostelería, nos guiñamos un ojo y sin pensarlo, me acerque a Trinidad, le di un beso y llamamos a Manolo, cogió a Martita de la mano, subimos todos a la furgoneta y pusimos rumbo a las montañas a perdernos; porque dejarse llevar suena demasiado bien.